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«El intruso retiró el muñeco y observó la carita de la niña [
]. No había ya luz en su rostro y la sensación de estar ante un receptáculo vacío se acrecentó al llevarse de nuevo el muñeco a la cara para aspirar el aroma infantil, ahora enriquecido por el aliento de un alma.» La muerte súbita de una niña en Elizondo resulta sospechosa: el bebé tiene unas...